Tristeza después de las vacaciones: por qué septiembre puede hacernos sentir así

Hay un momento de septiembre en el que te das cuenta de que el verano ya ha terminado.

La rutina empieza a ocupar de nuevo su lugar.

Los horarios, el trabajo, las obligaciones, las prisas. Y aquello que durante unas semanas parecía tan cerca —el descanso, el tiempo, la libertad, el disfrute— empieza a quedar atrás.

Y aparece la tristeza.

A veces se siente como pesar. Como falta de ganas. Como una cierta opresión. Y resulta extraño.

Vienes de unas vacaciones que has disfrutado. Has descansado, has hecho cosas que te apetecían, has estado con personas que quieres, has tenido tiempo.

Entonces, ¿qué te está pasando?

¿Por qué sentimos tristeza después de las vacaciones?

Durante las vacaciones solemos vivir de otra manera.

Hay cosas para las que durante el resto del año apenas encontramos espacio: nos levantamos sin tanta prisa, comemos con más calma, tenemos tiempo para conversar, pasear, leer o simplemente no hacer nada.

También experimentamos. Conocemos lugares nuevos, hacemos planes diferentes, pasamos más tiempo a solas o compartimos el tiempo de otra manera.

Y nos sentimos bien.

Nos sentimos más ligeras. Más presentes. Más conectadas con nosotras mismas.

Después llega septiembre. La agenda vuelve a llenarse. Los horarios se ajustan. El trabajo recupera su espacio. Y poco a poco la vida cotidiana vuelve a parecerse a la de antes.

Es entonces cuando podemos notar todo lo que hemos dejado atrás.

Y aparece esa tristeza después de las vacaciones.

La tristeza de septiembre y nuestra relación con esta emoción

Hay algo que me llama especialmente la atención cuando hablamos de la tristeza.

La tristeza nos la permitimos muy poco. Parece que tenemos que estar bien. Animadas. Agradecidas. Disfrutando.

Cuando estamos tristes, muchas veces buscamos la manera de distraernos para que pase cuanto antes. Nos ponemos a hacer cosas. Buscamos algo que nos entretenga. Miramos el móvil. Seguimos con nuestras obligaciones.

La tristeza incomoda. Y, sin embargo, está ahí por algo.

¿Qué haces tú cuando llega la tristeza?

¿Le abres la puerta?

¿Dejas que se siente un rato contigo?

¿O enseguida buscas la manera de que se vaya?

Vivimos bastante de espaldas a esta emoción y quizá nos estamos perdiendo lo que viene a contarnos.

Aprender a relacionarnos con ella forma parte desaber regularnos emocionalmente: poder reconocer lo que estamos sintiendo, darle un espacio y expresarlo sin necesidad de que desaparezca inmediatamente.

La tristeza también habla de pequeñas pérdidas

Cuando pensamos en la tristeza solemos pensar en grandes pérdidas: una persona que ya no está, una ruptura o un cambio importante.

Pero no hace falta que ocurra algo así para sentirnos tristes. También podemos perder una ilusión o una expectativa o un deseo. También, una manera de vivir que nos hacía sentir bien.

Incluso podemos sentir tristeza cuando termina una etapa que hemos disfrutado mucho. Eso también es una pérdida.

Y puede ser lo que esté ocurriendo en septiembre. El verano se acaba. Volvemos a nuestra vida habitual. Y quizá echamos de menos cómo nos hemos sentido durante esas semanas.

¿Qué has dejado en agosto?

Esta pregunta puede ser interesante cuando aparece la tristeza:

¿Qué he dejado en agosto que me gustaría seguir teniendo en mi vida?

Tal vez más libertad.

Más presencia.

Más tiempo para ti.

Más conexión.

Más calma.

Más espontaneidad.

Más espacio para hacer cosas que te gustan.

Piensa en cómo has vivido estas últimas semanas.

¿Qué hacías?

¿Cómo estabas?

¿Qué lugar ocupabas tú en tus propios días?

¿Qué te permitías?

Ahí puede haber información importante.

Lo que las vacaciones pueden enseñarte sobre tu vida cotidiana

Porque esa persona que ha disfrutado, descansado, experimentado, conectado y estado más presente durante sus vacaciones eras tú.

Eras tú dándote espacio. Tú escuchando otras necesidades. Tú viviendo a otro ritmo.

Y tal vez ahí esté una de las cosas que la tristeza de septiembre viene a señalar.

Hay algo de esa manera de vivir que quieres conservar.

Quizá quieres que haya más libertad en un martes cualquiera.

Más presencia.

Más cuidado.

Más tiempo para ti.

Más espacio para hacer aquello que te hace bien.

Las vacaciones terminan.

Pero puedes escuchar lo que te han mostrado.

Y empezar a preguntarte qué quieres que siga formando parte de tu vida cuando el verano ya haya quedado atrás.

Martina Rubio
Coach especializada en autoestima y relaciones de pareja, acreditada por la ICF. Acompaña a mujeres en procesos de transformación personal para recuperar su equilibrio, confianza y bienestar emocional. Con un enfoque cercano y práctico, Martina combina herramientas de coaching personal y sistémico para ayudarte a reconectar contigo misma y crear vínculos más sanos y auténticos.
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